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SALIX HUMBOLDTIANA

El nombre científico del sauce nativo, también conocido como sauce criollo, es Salix humboldtiana*. Forma parte de la familia de las Salicáceas, el mismo grupo botánico al que pertenecen todos los sauces y álamos. Dentro del género, que tiene unas 450 especies, es el único sauce originario de América Latina.

Es un árbol adaptado a la vida junto al agua: a lo largo del continente su presencia acompaña los cursos de los ríos, extendiéndose desde el centro de México hasta el paralelo 44. ​En nuestro país, aparece en todas las provincias, salvo Santa Cruz y en Tierra del Fuego. En la región de la Patagonia, sus poblaciones se concentran en los ríos Limay, Neuquén, Negro, Colorado y Chubut. 

Es una especie ancestral: dentro del género Sálix, ya que tiene unos 30 millones de años en contraste con la mayoría de los sauces, que no supera los 5 millones de años. 

Dentro de sus usos, cabe destacar el aspecto medicinal, ya que su corteza contiene ácido salicílico, del cual deriva la aspirina. ​​

Los nombres del sauce nativo

*Su nombre científico, Salix humboldtiana, tiene su origen en la botánica europea de comienzos del siglo XIX. La especie fue descripta en 1805 por el botánico alemán Carl Ludwig Willdenow, quien formaba parte de una generación de científicos dedicada a clasificar y comprender la biodiversidad del mundo. El término Salix corresponde al nombre latino tradicional de los sauces, mientras que humboldtiana fue elegido en homenaje al naturalista y explorador Alexander von Humboldt, una figura clave en el estudio de los ecosistemas de América. Sus viajes por el continente aportaron una nueva mirada sobre la relación entre clima, paisaje y biodiversidad. 

 

​​​​​En lenguaje popular, se lo conoce con distintos nombres:

  • Sauce criollo,

  • Sauce colorado,

  • Sauce amargo.

En distintas lenguas indígenas recibió nombres propios. Entre ellos se encuentran:

  • Raiwe o Reiwe en mapuzungun

  • Waik en lengua tehuelche

  • Yvirá pukú en guaraní

  • Wayaw en quechua

 

Estos nombres reflejan tanto su presencia histórica en los paisajes ribereños como su relación con las comunidades humanas que habitaron estos territorios. Formó parte de la vida cotidiana de los pueblos originarios de la región; y es además el  árbol de los pioneros, ya que fue el único árbol nativo que se encontraba en la región de los valles y su madera fue utilizada para la construcción de los asentamientos.

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